sábado, 15 de junio de 2013

EL DESCANSO...

No, no hablo del descanso dominical ni de la hamaca ni mucho menos de la cama... Hablo del verdadero descanso. El del alma. De nuestra alma, pastores, que se agota con los pensamientos del futuro, que se cansa de esperar los milagros que a veces se tardan una eternidad para llegar a nuestro ministerio...

El descanso que solo Cristo ofrece.  Pero para tristeza nuestra, muy pocas veces lo tomamos para nosotros. Lo predicamos, sì. Lo enseñamos, tambièn... Pero vivirlo es otra cosa...

Por eso es necesario leer una y otra vez los evangelios. Para mantener frescas las Palabras de Jesùs. Para mantenernos enfocados en ellas y no en nuestros conceptos.

Cuando Cristo caminó en esta tierra y se introdujo en los callejones oscuros del alma humana, cuando se sentó en las orillas del camino y observò a los que pasaban por allì... ¿Què fue lo que mirò?

Mirò los rostros curtidos de los agricultores y los rostros cansados de las amas de casa, y ofreciò descanso... Vinieron las multitudes. Surgieron de calles sin salida y complejos de oficinas de ese entonces: Secretarias acosadas por sus jefes abusivos y compañeros glotones de sexo. Hombres subyugados por una empresa que no les pagaba sus salarios. Jefes cansados de luchar contra el sistema y tratar de llevar a su casa el pan de sus hijos... He hicieron algo que Jesùs les habìa dicho: Le trajeron las cargas de su existencia y èl no les dio religiòn, mùsica, payasos, chistes, doctrina, sistema, sino algo que ellos anhelaban: descanso...

Hoy en dìa, Cristo continùa mirando los ojos desilusionados de los que van a la iglesia, la mirada cìnica de un contador y los ojos hambrientos de un cantinero... Y su invitaciòn paradòjica todavìa se mantiene en pie: "Lleven mi yugo y aprendan de mì, pues soy apacible y humilde de corazòn, y encontraràn descanso para su alma... (Mat. 11:29)

Pero su invitaciòn no es solo para los que estàn en las sillas de la iglesia... tambièn es para los que predican, para los que se esfuerzan cada fin de semana en llevar un mensaje que consuele sus vidas, un mensaje que llene esos vacìos en los corazones de sus oyentes... Un mensaje que sane sus heridas. Pero... ¿Quièn sana al predicador? ¿Quièn consuela al que enseña?  He allì el quid de la cuestiòn... Solo Cristo puede darnos el descanso a nuestros esfuerzos... Jesùs nos invita a entrar a su reino y establecer residencia en un mundo sin làgrimas, sin muerte, sin dolor... ¿Quien puede entrar? Quienquiera que lo desee. La invitaciòn es para todos: oveja y pastor...

Quizà usted estaba esperando leer algo como esto antes que llegue el domingo que serà mañana... Entonces, querido pastor, descanse. No se agote y deje que el Espìritu de Cristo le de el descanso que tanto necesita... Y mañana verà de otro color su vida y su ministerio... ¡Adelante, entonces...!

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